Pasan, y mucho. Y es origen de conflictos, tanto para los demás como para uno mismo.
Hoy hablaremos de este segundo caso; cómo dañan los bloqueos emocionales a uno mismo en el trabajo.
Dado que no sé nada de Psicología, y todo lo que cuento en este post está basado sólo en la observación y la experiencia, empezaré por decir qué es para mí un “bloqueo emocional”, y luego contaré 2 casos reales, uno que le sucedió a una compañera y otro que me ocurrió a mí mismo, aunque en su momento no me diera cuenta de nada (esa es la gracia de estas cosas, que no te das cuenta).
Cuando una situación no deseada se prolonga en el tiempo, puede someter a la persona que la sufre a una situación estresante, y finalmente esta persona puede llegar a bloquearse. El desencadenante de este estrés puede ser un hijo enfermo, un accidente, deudas, un divorcio, o incluso cosas más triviales, cada persona es un mundo. Y es emocional, porque como ocurre con casi todo lo emocional, desencadena pensamientos y conductas muy irracionales.
En resumen, bloqueo emocional=cabeza en otra parte+pensamientos irracionales,
2 casos reales
En mi primer trabajo más o menos serio llegó una becaria para ayudar a una compañera. El trabajo del becario consistía en pringar un montón en tareas muy repetitivas (¿vaya novedad no?). Esta chica hablaba varios idiomas, al menos inglés y francés fijo, y su currículum era, resumiendo, bastante flipante. Estaba muy sobrecualificada.
Eso en cuanto a sus conocimientos.
En cuanto a ella, hablaba lo justo, era muy seca, no se preocupaba mucho de su aspecto, y para rematar llevaba unos brackets terroríficos. Lo poco que hablaba no se la entendía.
Su “jefa” era, como yo, técnico de nómina, no tenía su curriculum ni de lejos, y sí tenía en cambio un cáracter muy dominante.
Yo a esta chica, la becaria, sinceramente llegué a conocerla muy poco, pero un día su “jefa” nos comentó a otra compañera y a mí en un descanso que estaba hasta el gorro de ella, porque le asignaba tareas muy básicas y no era capaz de llevarlas a cabo. No me acuerdo a qué tareas hacía referencia, pero sí recuerdo que mientras lo contaba también a mí me parecieron muy básicas. En esto de las nóminas hay cosas que tienen su ciencia y otras que no. Las que no, hay que hacerlas igual, y si es rápido, mejor.
En resumen, pasaba mucho tiempo con esas tareas y se equivocaba en cosas un poco surrealistas. Y por más que la jefa le indicaba, ella seguía fallando, cuando era más fácil no fallar que fallar.
Hice una serie de preguntas de lo más básicas a la “jefa”, del tipo: ¿sabe teclear sin mirar el teclado?, y alguna más de ese estilo. A todas me respondió que sí sabía.
Al final le dije que si sabía hacer todo eso, no era que, como afirmaba la jefa, fuera tonta, sino que algo dentro de su cabeza le impedía hacerlo bien. Recuerdo que la otra compañera que estaba con nosotros me dió la razón.
Hasta aquí la historia, porque, honestamente, ni sé lo que le pasaba, ni recuerdo qué sucedió con ella después.
En ese mismo trabajo, más adelante, entró a trabajar en mi equipo una chica que tenía un nivel bilingüe de inglés. Había estado veraneando en Irlanda (creo) durante más de 10 años. En cuanto a temas laborales, no tenía estudios relacionados, anteriormente se había dedicado a cosas completamente diferentes, pero en nuestro departamento el inglés era importante.
Yo tenía un nivel de inglés aceptable, pero en absoluto equiparable al de esta chica.
Para no hacerlo muy extenso, un cambio inesperado en la empresa (la marcha de mi supervisor) hizo que a esta chica se le asignaran los 2 clientes más potentes que teníamos. Yo no podía creerlo, llevaba más tiempo que ella, había librado más batallas, y prácticamente, en ausencia de mi jefe, me veía como la única persona capacitada para sacar todo aquello adelante. Lo consideraba tremendamente injusto.
En resumidas cuentas, no lo superé, y me acabé marchando al primer trabajo que ofreció más dinero del que me estaban pagando en ese momento (literalmente, al primero, sin mirar otra cosa que la pasta, tales eran las ansias de irme).
Cuando me fuí, el Gerente tuvo el detalle de reunirse conmigo para intentar convencerme de que me quedara, pero estaba tan decidido (y amargado) que ni podía escucharle.
A día de hoy puedo hacer una lectura más objetiva de esos acontecimientos:
- ¿qué eran 2 empresas en relación a las otras treinta y tantas que teníamos, por muy guays que fueran esas 2?,
- la chica sabía más inglés que yo, no cabe duda, pero podía haberme enfocado en lo que sabía hacer mejor que ella, o incluso quedarme y mejorar el inglés,
- nadie me estaba señalando con el dedo, seguro que el Gerente no se podía ni imaginar la historia de “alta traición” que bullía en mi cabeza, ¿por qué no lo hablé con él?,
- ¿por qué no lo hablé con absolutamente nadie?,
- ¿por qué tomé una decisión tan importante (marcharme) basándome en una ficción no contrastada?.
Estar en ese sitio fue en líneas generales muy bueno para mí, y me sirvió para abrir otras puertas.
A día de hoy me parece tonto y ridículo, pero por aquel entonces era demasiado real, y yo demasiado joven también.
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Pues en estos momentos debo estar bloqueada mentalmente. Después de 6 años en la me empresa he tomado la decisión de marcharme. Motivos? No me siento valorada. Mi jefa dice que soy “polivalente”, que es la manera guay de decir que son la gilipollas que pringa con todo porque sabe de todo. Por menos dinero que los demás,claro.Y lo que más feliz me hace es pensar en la cara de tontos que se les quedará después de mi “alta traición”. He leido con mucho interés la lectura objetiva de tu caso, Admin, y he intentado hacerme las mismas preguntas, pero francamente, me siento incapaz. Quien sabe, si dentro de algún tiempo lo veré de otra forma.
Me siento muy identificada con tu caso, porque yo reaccioné de una forma muy similar hace algunos años… ¡lo que hace la inexperiencia de la juventud! Y el orgullo, claro. Aunque con la edad, se va relegando a un segundo plano. Estoy totalmente de acuerdo con este artículo, y deberíamos tener más en cuenta los bloqueos emocionales a los que nos enfrentamos todos los días (aunque no nos demos cuenta de ellos, poco a poco aprendes a reconocerlos). Y no solo ocurren en el trabajo, sino en todos los ámbitos de nuestra vida!
Haces una labor excelente; ¡a mí desde luego, me ayuda mucho!
Un saludo,
Esther.
Me encanta tu página, llevo suscrito por RSS desde hace mucho tiempo y la verdad nunca se me ocurrió felicitarte.
Muchas gracias y sigue así
Un saludo