Es un hecho claro y evidente que la gente no quiere meterse en líos. La máxima aspiración de los seres humanos es la de ser felices y lo contrario de ser feliz viene a ser precisamente meterse en buen berenjenal. No obstante los líos, como el invierno después de la primavera, siempre llegan. Es lo mismo que ocurre con los despidos.
Según mi propia experiencia, cuando un despido tiene lugar, todas las partes implicadas tienen una parte de responsabilidad. Sí, ocurre exactamente igual que en las parejas: durante una relación laboral ocurren a diario muchas cosas, y no todas agradables: frustraciones, imposiciones, reproches callados, ironías hirientes, malos modos, un mal día del jefe, etc. Y de repente llega el despido. Y al despedido le comunican que la causa de tal despido es que, por ejemplo, no rinde como la empresa esperaba.
Versión de la empresa
En estos casos, la empresa lo tiene claro: las cifras cantan, si te las enseñaran a ti mismo, tú, que estás leyendo estas líneas, tendrías que darles la razón: ha perdido varios clientes, no ha facturado como debía, llega tarde a veces sin justificación.
La empresa lo ve cristalino, la razón está de su parte, así que habla con la persona de confianza dentro del departamento de personal y ordena que le prepare la documentación pertinente para un despido y que, por supuesto, no se incluya ninguna indemnización.
Posteriormente, se reúne la empresa con el trabajador, y le comunica la noticia. El trabajador puede estar sorprendido por la noticia, o no estarlo, esto realmente es lo de menos. Pero en la mayor parte de los casos el trabajador tiene muchas cosas que decir en ese momento.
Versión del trabajador
Si he llegado tarde a veces, es porque vosotros mismos decís que hay flexibilidad horaria. Bien, soy la única persona de la oficina que utiliza el horario flexible, pero eso no es motivo para que me digáis que entro tarde.
La persona que está por encima de mí se encuentra siempre ocupada (al menos para mí), así que me veo obligado a tomar decisiones para aquellos asuntos que no admiten espera, aun cuando hay un par de operativas en las que necesitaría la supervisión de alguien. La ausencia de este control hace que yo a veces falle. Pero si no supervisáis, al menos deberíais darme suficiente margen de confianza para el error. Tampoco he hallado ningún canal en la empresa para poder manifestar esto. Podría decirse que a la empresa no le importa mucho un trabajador como yo, y me las he tenido que ingeniar yo sólo, así me he sentido.
Hay dos compañeros que continuamente me amargan la existencia, se dedican más a eso que a trabajar, pero curiosamente nadie les dice nada. Esto me dificulta para ser todo lo productivo que yo deseo ser.
No es que haya disminuido la facturación por mi culpa, es que realmente tenemos unos precios abusivos y los clientes prefieren a la competencia.
Ya no está tan claro. Habrá que ir a los Tribunales
El empresario recibirá estas contra-críticas con estupor (o no), esto también es lo de menos (al menos llegados a este punto). Lo que se produce aquí es una misma situación que se ha vivido emocionalmente de maneras muy diferentes. En cualquier caso, el trabajador tiene su propia vivencia y su propio interés y el empresario también. Como ni uno ni otro están en condiciones para dilucidar nada, se acude a los Tribunales.
Al igual que se dice con la ruptura de las parejas, el despido debería llevarse como personas civilizadas
Así es, en un despido, al igual que ocurre en los divorcios, las emociones están a flor de piel, el trabajador se puede sentir injustamente atacado si se le echa en cara cientos de cosas en 10 minutos, tan sólo para justificar que no se le va a pagar una indemnización. Hay que recordar que ese mismo trabajador ha madrugado todos los días para ir a tu oficina, que el año anterior hizo un buen trabajo, que dedicaba muchas horas diarias de su vida a tu empresa, bien o mal empleadas. Por lo tanto, si la empresa decide no pagar indemnización, excelente, pero es innecesario tirarse los trapos sucios a la cara: se puede acudir amistosamente a los Tribunales.
Que no te asuste el abogado del propietario del perro
El trabajador suele sentirse más indefenso en este tipo de situaciones. Pero, ya que tiene sus motivos, debe demandar. Además de esto, el ordenamiento laboral de algún modo prevee esta indefensión por parte del trabajador (la empresa tiene más medios, más pasta, más experiencia), por lo que se le considera un ordenamiento dirigido a tutelar al trabajador, a asegurar que sus derechos sean oídos y respetados. Esto a su vez se refleja en que el juez laboral en caso de duda se pone más veces de parte del trabajador que de la propia empresa.
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Hola Loire,
hablas como un estudiante de Derecho, la realidad suele estar más de parte del trabajador en materia laboral.
Pero gracias por tu aportación.
El principio de favorecer al trabajador en caso de duda tiene un uso mucho menor de lo que se podría pensar. Y más ahora en tiempos de crisis, que los jueces se toman muy en serio las razones de los empresarios. El principio pro operario no sirve para decir que el trabajador tiene razón en un caso en que los hechos no están claros (que son la gran mayoría, porque nunca se sabe con certeza lo que ha pasado y las pruebas casi siempre son contradictorias). Según la jurisprudencia, solo se puede usar para decidir entre dos normas aplicables a un mismo caso o dos interpretaciones de una norma. Pero no para normas que tengan que ver con hechos. Así que al final el pro operario no es lo que debería ser según el sentido común: sensibilidad con la parte más débil otorgándole una cierta credibilidad.
Hola pep,
podría decirse que los jueces protegen también a los trabajadores de su propia inconsciencia. No me parece del todo mal (según el caso), puesto que la empresa sigue su curso, pero por un calentón que se produjo en una fuerte discusión (quiero recordar que dos no discuten si uno no quiere), el trabajador se queda en la calle, con familia, hipoteca, con dificultades para encontrar un nuevo trabajo, etc.
Esto no quiere decir ni mucho menos que mañana todo el mundo vaya a insultar a su jefe, todos sabemos que no debe hacerse y que es una de las causas de despido previstas en la ley. Yo creo que el juez se ha limitado a juzgar un caso concreto, cuando ocurre esto me fío más de un juez que de un periodista, porque el primero busca aplicar la ley, y el segundo, no. Por eso prefiero conceder el beneficio de la duda al juez.
Ahora, como chascarrillo, es muy bueno.
Un saludo.
Creo que el ordenamiento es excesivamente protector para con el trabajador. El último disparate de los tribunales “Llamar hijo de puta al jefe no es motivo de despido” http://www.laverdad.es/murcia/20090917/sociedad_murcia/llamar-hijo-puta-jefe-20090917.html