Soy estudiante universitario y todos los días puedo palpar en mi entorno la incertidumbre que existe sobre el empleo y las salidas profesionales.
El panorama laboral no está en su momento más álgido ya que aún estamos sumidos en una “gran crisis” que sale televisada y es perceptible en el día a día. Pero a pesar de esta situación que puede ser “comprensible”, es desesperanzador saber que al final de la dura carrera sólo nos queda aceptar empleos donde los requisitos del puesto son inferiores a los del solicitante que aceptará la oferta de empleo, debido a la escasez de ofertas de personal preparado.
La verdad es que ya escuché a compañeros recién finalizada la carrera citar el famoso pensamiento de los jóvenes trabajadores actuales: “Sólo quiero llegar a los 1.000 euros”. Cuándo los escucho rápidamente entiendo cómo es posible que España sea uno de los países situados de los primeros en la fila, pero empezando por detrás: destacamos en el desempleo, el empleo mal remunerado y la escasa productividad.
Con esto quiero decir a los empresarios, directores de departamento y personal de recursos humanos que la opción de prosperar pasa por reclutar a personal preparado y exprimirlos al máximo (intelectualmente hablando), asignar funciones para las cuáles somos competentes (sin necesidad de realizar labores inferiores a nuestras aptitudes), tratarnos bien mostrando gratitud y recompensas, y sólo con estos pasos el resultado será tan productivo que el desempleo podría considerarse una anécdota.
Si os resulta difícil imaginarlo sólo tenéis que pensar en algún país de la Unión Europea donde el índice de desempleo sea inferior al de España (no es difícil) y fijarse en quién está realizando el trabajo, obviamente gente cualificada y preparada.
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